La calidad de vida abarca una amplia gama de factores físicos como la alimentación, el vestuario, la salud, la vivienda, la educación y las oportunidades laborales; factores sociales como el afecto, la inclusión y la pertenencia a grupos sociales de referencia; y factores psicológicos como el respeto, la autoestima, el reconocimiento, el prestigio y la autorrealización (Maslow, 1954). Estos factores son experimentados tanto por individuos como por comunidades en general. Todos estos elementos se influyen mutuamente, generando la sensación de satisfacción o insatisfacción que percibimos como resultado del impacto emocional de los estímulos del entorno socioeconómico y cultural en el que interactuamos. Esta percepción está esencialmente asociada a nuestras vivencias cotidianas y se acentúa, positiva o negativamente, de manera significativa, por las características de nuestro temperamento, tales como la sensibilidad, la actividad, la reactividad y el equilibrio entre estas, que influyen en nuestro comportamiento, emociones y respuestas ante el entorno.

En general, la calidad de vida de una persona o comunidad se entiende como el disfrute pleno de la vida, mediante la satisfacción de sus necesidades básicas y el aprovechamiento de las oportunidades deseadas para su desarrollo personal, social y económico. Esta concepción va más allá de la mera ausencia de pobreza e incluye  aspectos  como  la  salud   física y  mental,   el acceso a la educación y a la atención médica, el empleo digno y estable, el entorno físico y social, las relaciones interpersonales, la estabilidad financiera, el ocio y el tiempo libre, entre otros. Todos estos factores inciden en el bienestar psicológico.

La calidad de vida al ser una percepción subjetiva, puede variar significativamente entre individuos, grupos sociales y regiones geográficas. Así, por ejemplo, un estilo de vida plenamente valorado en  un determinado entorno socioeconómico,  puede  resultar degradante e insultante en circulo social

mas elitista. Asimismo, una actitud de respeto y buena disposición valorados en un determinado entorno cultural como rasgos personalísticos incluyentes, pueden generar rechazo en otro, al interpretarse como pusilanimidad y servilismo.
 
El nivel de calidad de vida está condicionado por factores endógenos que son inherentes al individuo y se originan al interior  de la familia o por  causa de ella, y por factores exógenos que atañen a condiciones del  entorno socioeconómico y cultural en el que interactúa la persona. Estos factores inciden indefectiblemente en sus posibilidades de crecimiento y  formación, así como en su capacidad económica para acceder a los bienes y servicios en la calidad y cantidad que considera necesarios para colmar sus expectativas de bienestar.