La forma cómo ha evolucionado el desarrollo socioeconómico de la humanidad desde el inicio de la civilización, caracterizada en consecuencia hoy día por una marcada inequidad en la distribución de la riqueza generada en los procesos productivos, concentración de los centros de formación en polos de desarrollo, dispersión geográfica de la población, aunada a la incapacidad de los gobiernos para generar condiciones de crecimiento equitativo, se ha constituido en un factor estructural que inhíbe en un porcentaje significativo de la población el acceso a la cualificación técnica y profesional, componente fundamental de la productividad y competitividad del sistema empresarial que soporta el desarrollo económico y social de un país.
En este contexto, el advenimiento del Internet y el surgimiento y evolución de las tecnologías de la información y las comunicaciones aplicadas a la educación, representan una gran oportunidad para franquear tales barreras en tanto que hacen posible el acceso virtual masivo a la formación desde cualquier lugar del mundo, en todo momento durante todo el año a un costo asequible; incluso susceptible de gratuidad si el gobierno de los diferentes países del mundo decide adoptarlo para resolver la deficiencia de formación técnica y profesional especialmente en aquellos en vías de desarrollo.
En efecto la facilidad y rapidez de comunicación, la flexibilidad
horaria, la cobertura geográfica, la accesibilidad económica y la
posibilidad de interacción globalizada, hacen que la adopción de
esta modalidad de formación se esté convirtiendo en una necesidad estratégica de los centros educativos tradicionales, aunque desafortunadamente en muchos casos enmarcada en un enfoque tecnológico de los formatos pedagógicos presenciales.
Actualmente existe un cúmulo de información acerca de las ventajas comparativas en cobertura geográfica y multidisciplinar del e-learning, de las ventajas didácticas de los recursos multimedia, de la multiplicidad de herramientas tecnológicas para su implementación, de las metodologías para el desarrollo de recursos didácticos etc., pero muy poco sobre las estrategias pedagógicas y metodológicas que deben soportarla, adecuadas al entorno virtual y a las características y requisitos del entorno sociocultural en el que se desarrollará, muy diferentes de las requeridas en la modalidad presencial.
Este artículo recoge un análisis de la naturaleza de la formación en ambiente virtual y de las variables que deben tomarse en cuenta en la definición de las estrategias pedagógicas y metodológicas que deben sustentar un programa formativo en ambiente virtual, dada su incidencia en el proceso de aprendizaje. Dentro de esas variables se consideran el perfil del estudiante, el enfoque pedagógico y las características de los recursos didácticos. Igualmente se aborda la importancia de la tutoría en el proceso de aprendizaje.
La aplicación de tecnologías de la información y las comunicaciones a partir de la generación Web 2.0 a la educación ha dado lugar a la formación virtual en las modalidades e-learning, m-learning y b-learning, diferenciadas en función de la infraestructura física y de los dispositivos tecnológicos requeridos para acceder a las mismas.
Esta modalidad constituye, al margen de la infraestructura tecnológica disponible, una solución efectiva a las múltiples limitantes de accesibilidad que caracteriza a la formación tradicional, en cuanto aportan:
La tabla 1 muestra las ventajas comparativas de cada una de las modalidades de formación en ambiente virtual respecto de la eficiencia de las prestaciones o funcionalidades que tienen incidencia en la interacción efectiva entre participantes y participante contenido, como condición de un aprendizaje de calidad.
Su implementación debe estar apoyada de una parte, en herramientas comunicacionales Web 2.0, que permitan la interacción no presencial entre participantes y de estos con los contenidos, flexibilizando los procesos de aprendizaje y facilitando el acceso a los mismos. De otra parte, en la aplicación de estrategias pedagógicas activas, que potencian significativamente la capacidad de aprendizaje.
La aplicación de este criterio requiere de la identificación de la modalidad o modalidades seleccionadas para la impartición de los programas, por cuanto cada una de ellas implica la implementación diferenciada de la metodología y recursos didácticos que han de incorporarse al proceso de formación, de la infraestructura física requerida y de los recursos tecnológicos que hande soportarlos como un todo.
La decisión sobre qué modalidad de formación virtual implementar, debe basarse en el peso ponderado que en función de eficiencia y costos logísticos tengan las características requeridas para la impartición efectiva de los diferentes programas formativos, de la disponibilidad de la infraestructura tecnológica para el desarrollo e impartición de la propuesta formativa del Centro de Formación y de la disponibilidad de los requerimientos tecnológicos de los destinatarios para poder acceder a la formación en ambiente virtual.
El diseño e implementación de la metodología para la impartición de programas en ambiente virtual debe estar orientado al alumno como protagonista de su propio aprendizaje y fundamentada en un análisis integral de las características socioculturales y tecnológicas del entorno, así como en su dinámica de cambio.
El análisis de estos componentes indefectiblemente presentes en el proceso formativo del individuo, debe permitir un adecuado enfoque pedagógico del diseño instruccional y de la incorporación de recursos didácticos en función de la aplicabilidad de los programas formativos que ofrezca el CFAV a la realidad del estudiante, estimulando y manteniendo así su interés y motivación en el desarrollo de las competencias que pretenda para ser competitivo en el mercado laboral.
No obstante el aprovechamiento eficiente las ventajas que proporcione la metodología así implementada, requiere del estudiante un cambio de rol, pasando de agente receptor pasivo a gestor proactivo de información y creador de conocimiento significativo para sí y para la sociedad, y del profesor –Tutor–, que debe pasar de transmisor de información, en muchos casos carente de significación y revaluación en función de la aplicación práctica, a orientador, guía, dador de soporte técnico y académico y generador de dinámicas en los procesos de aprendizaje autónomo.
En efecto el rol del estudiante como autogestor de su aprendizaje precisa del desarrollo de competencias de investigación, de síntesis y análisis del entorno y de las nuevas competencias profesionales requeridas en el mercado laboral, para el acopio de información que le permita crear o agregar el conocimiento necesario para resolver autónomamente los desafíos que le plantean la realidad cambiante del mismo. En este marco, el pensamiento crítico y creativo, la interacción y el aprendizaje colaborativo se convierten en una estrategia de aprendizaje fundamental, en tanto que el intercambio de ideas, conceptos, conocimientos y experiencias de aprendizaje le brindan al estudiante la posibilidad de ampliar su visión y la gama de posibilidades y cursos de acción frente a los nuevos desafíos.
La impartición de los programas de formación en ambiente virtual requiere adicionalmente de una adecuada integración pedagógica de las tecnologías utilizadas y de los métodos –procedimientos y técnicas– aplicados que promuevan el aprendizaje colaborativo, la interacción y la creación autónoma de conocimiento significativo propiciando el logro de los objetivos de aprendizaje propuestos en los programas de formación en función de las características de las competencias requeridas en el mercado laboral.
El diseño de una metodología que abarque todos los anteriores atributos debe considerar entonces además de la modalidad de impartición, cuatro elementos básicos: el perfil del estudiante, el enfoque pedagógico, los recursos didácticos y el estilo tutorial.
El análisis del perfil del estudiante debe enmarcarse en las condiciones socioculturales y formativas en las que este ha crecido y se desenvuelve actualmente, contemplando variables como edad, género, nivel educativo, actividad económica o laboral, disponibilidad y hábitos de uso del tiempo, ambiciones y expectativas profesionales u ocupacionales, con el fin de determinar sus motivaciones e intereses, actitud frente a nuevos desafíos y resolución de problemas, capacidad de autorregulación –disciplina–, estilo de aprendizaje, autonomía –poder de decisión y autosuficiencia–, disponibilidad de medios tecnológicos y competencias digitales.
La información requerida para determinar el perfil del aspirante a la formación se debe clasificar en general y específica, con el fin de diseñar las estrategias de recolección, tabulación y análisis. La general hará referencia a las características comunes a toda la población objetivo, tales como hábitos culturales, patrones de comportamiento social, posicionamiento de la tecnología en la comunidad, condiciones económicas generales, nivel educativo general, perfil ocupacional y profesional, condiciones laborales del entorno, etc. La información específica hará referencia a datos personales como edad, disponibilidad y uso del tiempo, nivel educativo específico, competencias digitales desarrolladas, hábitos y métodos de estudio, disposición hacia la investigación y el trabajo en equipo, objetivos profesionales y laborales, actitud frente a las dificultades o retos y resolución de situaciones problemáticas, etc.
La recolección de la información general puede realizarse desde fuentes secundarias como estudios demográficos o directamente mediante la aplicación de encuestas a muestras poblacionales significativas. La correspondiente a información personal puede hacerse mediante entrevistas personales o grupos focales significativos y la aplicación de test.
En cualquier caso el diseño de las estrategias de recolección de información debe obedecer a criterios de calidad, oportunidad, factibilidad operativa, viabilidad económica y disponibilidad de la logística requerida.
La importancia de conocer el perfil del estudiante se fundamenta en la necesidad de diseñar e implementar una metodología adecuada a las características generales de la población objetivo, de modo que se pueda aprovechar sus fortalezas y propiciar las condiciones necesarias que le permita superar las debilidades que pudieran incidir negativamente en las posibilidades de éxito en sus objetivos y expectativas de cualificación laboral.
En este propósito es necesario también definir las características del perfil requerido para el desarrollo del programa de formación, a fin de diseñar estrategias de nivelación y adaptación del alumno al mismo, con el objetivo de, por una parte, proporcionarle la posibilidad de desempeñarse apropiadamente en el desarrollo de las actividades curriculares y por ende en el logro de las competencias propuestas y de otra parte, disminuir los niveles de frustración, desmotivación y deserción.
El enfoque pedagógico de los programas de formación en ambiente virtual –PFAV– debe constituir el marco orientador de las estrategias formativas y de la selección de los recursos didácticos que mayormente contribuyan al desarrollo de las competencias objeto de la cualificación y que mejor potencie las posibilidades de aprendizaje del alumno.
Bajo este criterio, el diseño instruccional, la metodología y la modalidad de impartición del PFAV deben contemplar el énfasis pedagógico que permita optimizar el resultado de las actividades de aprendizaje realizadas por el alumno y estas a su vez deben diseñarse haciendo uso de recursos didácticos que realmente estimulen y motiven en él, el proceso de aprendizaje y desarrollo de las competencias objetivo de la formación.
Este criterio se fundamenta en el hecho de que un mismo enfoque pedagógico posiblemente no proporcione igual eficiencia y eficacia de aprendizaje, por ejemplo en ciencias exactas que en ciencias sociales. Incluso dentro de las mismas ciencias exactas no se logra el mismo resultado de aprendizaje por ejemplo en matemáticas que es esencialmente demostrativo, que en química que es esencialmente experimental; o en ciencias sociales, en psicología que estudia el comportamiento del individuo, que en sociología que estudia el comportamiento entre individuos; aunque en ambas disciplinas la metodología de la investigación se basa en la observación.
En consecuencia bajo esta perspectiva, para cada programa se debe analizar la posible incidencia de los diferentes enfoques pedagógicos aplicables en el proceso de aprendizaje, así como la naturaleza y dinámica de la disciplina a la que correspondan las competencias a desarrollar. Este proceso permite seleccionar el modelo pedagógico más apropiado, diseñar las estrategias formativas y seleccionarlos recursos didácticos que mejor se adecuen al enfoque seleccionado y a las competencias a desarrollar.
En conclusión, el enfoque pedagógico de los programas diseñados por el CFAV debe definirse con base en un análisis de las siguientes consideraciones:
Los recursos didácticos, previstos en el diseño instruccional, deben obedecer a las normas de certificación que los regula en cada país o ámbito de convalidación y ser coherentes con las características del perfil del estudiante y con el enfoque pedagógico previamente definidos, así como con las características de conceptualización y aplicación de las competencias que se pretende desarrollar. Deben constituir además, el punto de partida para determinar las prestaciones que se requieren de la plataforma tecnológica en que se han de implementar para su impartición.
El diseño y función de los recursos didácticos debe enmarcarse esencialmente en el propósito de captar y mantener la atención del estudiante sobre el objeto de aprendizaje y en estimular incrementalmente su interés por comprender la forma como funciona, cómo explica y cómo aplica el conocimiento adquirido en la realidad que él conoce o vive.
Los recursos didácticos deben posibilitar mediante su utilización, un alto nivel de interacción e implicación experimental y emocional del estudiante con el contenido, tomando en cuenta que estado de alerta que la observación o vivencia de lo que está ocurriendo genera en el cerebro, produce un estado emocional que hace que la información captada por los sentidos sobre la forma como se produce un fenómeno se grabe en la memoria a largo plazo (Medina J, 2010). Entre mayor sea la carga emotiva dada en el proceso de aprendizaje mayor es el nivel de fijación y asimilación de la información, que una vez disponible en la memoria del individuo, puede ser transformada mediante un proceso de análisis en conocimiento y ser aplicada por inferencia en la vida real.
Este hecho, impone dos condiciones para la eficacia de los recursos didácticos:
La tutoría constituye el tercer elemento pedagógico determinante del éxito o fracaso del proceso de aprendizaje en ambiente virtual en cuanto figurativamente hablando, debe ser la brújula que orienta y el timonel que guía integralmente el rumbo –el que y el cómo– que debe seguir el alumno en su proceso de aprendizaje autónomo.
La calidad de la tutoría se determina en función del estilo pedagógico y perfil aptitudinal y actitudinal del tutor, así como del alcance de la misma y la eficacia de los medios tecnológicos puestos a disposición del tutor para llevarla a cabo.
En efecto, no obstante que el conocimiento amplio, profundo y adecuado de la materia –perfil aptitudinal– continuará siendo un componente fundamental del perfil del tutor moderno, la incidencia de los aspectos pedagógico, organizativo, técnico y social en la capacidad de aprendizaje, han cobrado una importancia igualmente significativa para el logro de los objetivos formativos del estudiante autogestor de conocimiento y deben ser integrados de manera planificada y clara en los requisitos del perfil aptitudinal del tutor.
El perfil actitudinal del tutor es igualmente determinante en la calidad de la acción tutorial. El comportamiento o posturas que asume el tutor de manera consistente en el ejercicio de la tutoría frente a cada uno de los aspectos arriba mencionados, determina la forma como lo pone en práctica y el efecto positivo o negativo que su actuación o retroalimentación en las diferentes situaciones puede tener en el estudiante, como respuesta al efecto psicológico que la función estímulo-respuesta-refuerzo produce en el individuo. En este sentido la intervención del tutor en cualquiera de los ámbitos mencionados, debe generar en el estudiante la sensación de que está siendo apoyado y acompañado en el proceso de aprendizaje, mitigando en consecuencia el sentimiento de soledad y reforzando el interés y entusiasmo protagónico por lograr sus objetivos formativos.
En este contexto, la condición de orientador y guía que debe caracterizar al tutor tiene que ser integral. Esto implica que el rol de experto en la materia, tiene que trascender al ejercicio de la función tutorial también en los ámbitos motivacional, pedagógico, organizativo, técnico y social del estudiante, en aspectos que en lo relacionado con el proceso de aprendizaje pueda afectar el logro de sus objetivos formativos.
En este sentido, la tutoría además de los aspectos académicos relacionados con actividades operativas y administrativas, debe revestir las siguientes características: