Los factores psicológicos tienen una incidencia trascendental en la formación y fijación de creencias, especialmente, producto de las vivencias de la infancia. Estos factores incluyen los procesos cognitivos, emocionales y sociales. Los procesos cognitivos, como la percepción, la memoria y el razonamiento, influyen en cómo interpretamos nuestras experiencias y la información que confirman nuestras creencias. Tenemos una predisposición natural a buscar y valorar información que confirme nuestras creencias, conocida como sesgo de confirmación o sesgo cognitivo. Este sesgo genera distorsiones en el procesamiento de la información inherente a los estímulos que recibimos del entorno, afectando nuestra percepción y juicio de la realidad.
La satisfacción de necesidades psicológicas, como la necesidad de seguridad, pertenencia, reconocimiento y autoestima, (Maslow, 1954), clave para el bienestar psicológico y emocional, también influyen en la formación de creencias. Por ejemplo, la necesidad de sentirnos seguros y protegidos puede llevarnos a adoptar creencias religiosas o espirituales que nos proporcionan explicaciones sobre el mundo y el propósito de la vida; o la creencia en prácticas supersticiosas o en teorías que nos puedan proporcionar una explicación de sucesos extraordinarios o desconocidos, con lo cual podemos conseguir una sensación de estabilidad y control de nuestro entorno. Vincularnos a movimientos sociales, políticos o de cualquiera otra índole, nos lleva a adoptar creencias propias de ese grupo, lo cual nos proporciona un sentido de pertenencia y probablemente de seguridad emocional y apoyo. La búsqueda de reconocimiento y aprobación puede inducirnos a adoptar creencias valoradas por la Comunidad, con lo cual podemos lograr un estatus de prestigio o respeto. Por último, la necesidad de conseguir o mantener una imagen positiva de nosotros mismos, puede llevarnos a adoptar creencias que refuercen nuestra autoestima; a creer en cosas que nos hagan sentir valorados y competentes.
Otro factor psicológico que nos puede llevar a adoptar creencias son los mecanismos de defensa, como una manera de protección emocional. Por ejemplo, una persona que haya sido objeto de estafa en un negocio, puede desarrollar una creencia generalizada de que en los negocios todos quieren estafarlo.